
Vendemos el equipo y el software. La obra la cotiza un aliado.
El carro está ahí por otra razón. Carga mientras espera.
El carro vino solo a esto. El kilovatio es el negocio.
¿Lo quieres para tu casa? El mismo equipo sirve: funciona con la app que trae de fábrica. La red —el cobro, la factura y el panel— es para el que le va a cobrar a alguien.
Un cargador suelto lo consigue cualquiera. Lo que se compra aquí es el equipo y el software que lo pone a cobrar — la obra eléctrica es del aliado, y se cotiza aparte.
Te conectamos con el aliado de tu ciudad. Su obra se cotiza aparte, contra la visita.
Es lo que tumba la mayoría de los puntos antes de empezar, y en tierra caliente pasa siempre: los aires se comen la acometida en las horas que importan. La salida de siempre es ampliarla — plata, obra y trámite con la electrificadora.
Con el medidor de balanceo dinámico no hay que ampliar nada: el cargador toma lo que sobre, minuto a minuto, y nunca empuja el breaker.
El medidor se instala con pinzas al cable principal del tablero, y de eso se encarga el eléctrico del aliado. Es el único paso de toda la puesta en marcha que toca el tablero del edificio.
Con el recibo de la luz del negocio —o el de las zonas comunes, si el punto va ahí— alcanza para saber qué equipo aguanta el sitio. La obra la cotiza el aliado de tu ciudad.
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